Entre drones, apagones y baños en el mar, el ilusorio verano en Crimea anexionada
Suena un "boom" sobre Sebastopol, en Crimea. ¿Un ejercicio de las fuerzas rusas? ¿Un dron ucraniano? Frente al mar, Gueorgui se encoge de hombros, "acostumbrado" a las explosiones desde que Ucrania ha multiplicado los ataques contra instalaciones energéticas de esta península anexionada por Moscú.
"Todo va bien", afirma Gueorgui, con un café en la mano. "De hecho, estamos acostumbrados, así que nada nos asusta", dice este hombre de 31 años, sentado en el parapeto del paseo marítimo con una amiga.
"Ahora estamos aquí sentados, tomando un café. Si se oyen ruidos, lo más probable es que sean ejercicios", razona Gueorgui, que trabaja "en el turismo" en Sebastopol, ciudad que, al igual que toda Crimea -anexionada en 2014-, es considerada en gran medida por los rusos como parte de su país.
En la costa, unas abuelitas se dan un chapuzón, un niño salpica a sus hermanos y unos culturistas lucen sus pectorales. En el skatepark, unos adolescentes hacen acrobacias junto a uno de los numerosos refugios que hay en Sebastopol.
Un vistazo a la cuenta de Telegram de Mijaíl Razvojaiev, el alcalde de la ciudad, confirma que esta vez no hay ninguna alerta aérea.
Estas alertas se suceden sin cesar desde mediados de junio, con la intensificación de los ataques ucranianos contra depósitos de hidrocarburos e instalaciones eléctricas.
Los cortes de electricidad y la escasez de combustible forman ya parte del día a día de los 2,4 millones de habitantes de Crimea y de los veraneantes, cuatro años y medio después del inicio de la ofensiva a gran escala de Rusia contra Ucrania.
Además, en estos ataques mueren y resultan heridos civiles con regularidad. El miércoles, el gobernador local nombrado por Moscú, Serguéi Axionov, anunció la muerte de dos personas, fallecidas en un "nuevo ataque nocturno del enemigo".
- "Carretera de la muerte" -
En los centros turísticos costeros, los comercios y hoteles que pueden permitírselo cuentan con generadores.
En Yalta, el letargo de la tarde solo se ve interrumpido por el ronroneo de estas máquinas, que funcionan en su mayoría con gasóleo. "No tenemos otra opción", explica Oksana, que regenta una tienda de comestibles. "O esto o se me derriten todos los helados".
Al igual que en muchas provincias rusas, los combustibles escasean en Crimea. En las carreteras se ven subestaciones eléctricas con la fachada parcialmente calcinada por los incendios debidos a ataques de drones y gasolineras cerradas o reservadas para el transporte esencial.
Cuando, por suerte, hay gasolina sin plomo o gasóleo disponible para el conductor de a pie, las gasolineras racionan y "no muestran los precios para no enfadar a los conductores", explica Dmitri (nombre modificado), un taxista.
El litro de gasolina sin plomo 95 ronda los 250 rublos (unos 3,15 dólares), cuando antes costaba entre tres y cuatro veces menos.
Y el abastecimiento desde Rusia se ha convertido en una auténtica odisea debido a los ataques ucranianos contra los transportes de hidrocarburos, según los conductores locales.
La ruta que une la península con Rostov del Don por el norte -a través de dos ciudades ucranianas controladas por Rusia- ha sido apodada la "carretera de la muerte".
- "Joya de la corona" -
Queda el emblemático puente de Kerch, que une Crimea con Rusia a lo largo de 19 km sobre las aguas. Sin embargo, los camiones cisterna tienen prohibido el paso.
Con sus ataques, Kiev quiere "obligar a Rusia a poner fin a la guerra y restablecer la justicia", explicó el presidente Volodimir Zelenski en junio.
Crimea es "la joya de la corona de las conquistas territoriales de Rusia desde 2014", afirma a la AFP Maria Snegovaya, investigadora del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS).
Si el presidente ruso Vladimir Putin justifica la "ocupación del Donbás con el argumento de la 'protección de los rusoparlantes', Crimea se presenta como una tierra históricamente sagrada para Rusia", prosigue.
Las autoridades locales no respondieron a las consultas de la AFP. Es imposible saber cuántos habitantes han abandonado la península para establecerse en otros lugares.
Una vida en el extranjero es la perspectiva para la que se preparan Ekaterina y Anastasia, que se bañan en Yalta. Originarias de Crimea, estudian en Moscú.
C.Silva--GBA