Arte y números: la fórmula mortal del jefe del ejército de drones ucraniano
Las paredes del centro de mando subterráneo de Robert "Madyar" Brovdi están cubiertas de pantallas parpadeantes que reproducen imágenes de drones ucranianos atacando a tropas rusas, mapas del frente y marcadores de objetivos destruidos.
Este hombre de 50 años, con una barba grisácea desaliñada, orquestra y supervisa desde su búnker secreto los ataques de drones ucranianos que recientemente han avergonzado al Kremlin.
Todos los ataques son registrados y analizados, para que él pueda desarrollar nuevas estrategias para detener la invasión rusa.
Más conocido por su nombre de guerra "Madyar", Brovdi era un acaudalado comerciante de cereales sin experiencia militar cuando comenzó la guerra. Ahora es uno de los principales objetivos de Moscú.
Reservado, refunfuña y asegura que no le gustan las entrevistas. Pero el rostro se le ilumina cuando la conversación deriva hacia las matemáticas y la guerra.
"Los números son la base de la guerra. Todo empieza ahí. Cualquiera que ignore esto no puede jugar este juego. Serán seguidores y no líderes", declara Brovdi a la AFP.
Cuando las tropas rusas se lanzaron contra Ucrania en febrero de 2022, Brovdi se ofreció como voluntario para combatir y luego creó su propia unidad de drones, "Los Pájaros de Madyar".
Entendió mucho antes que el resto la importancia de esta tecnología y se ganó rápidamente los elogios dentro de las fuerzas armadas.
En junio de 2025, el presidente Volodimir Zelenski lo nombró comandante de las fuerzas generales de sistemas no tripulados del ejército.
Su trayectoria refleja cómo Ucrania ha aprovechado la innovación para combatir al ejército ruso, con un arsenal convencional más poderoso.
"Simplemente me llevé mi sistema de contabilidad a la guerra. Sacamos los nombres de las variedades de grano de la tabla y allí introdujimos los tipos de drones y municiones", cuenta a la AFP.
Brovdi ha sido el cerebro detrás de algunos de los mayores golpes contra instalaciones petroleras y militares de Rusia, que han ido mermando la maquinaria de guerra de Vladimir Putin.
- "Peligroso, entregado" -
En una visita a uno de sus búnkeres secretos, los periodistas de la AFP tuvieron que seguir protocolos estrictos, como viajar en un coche con las ventanas totalmente oscurecidas.
Obras de arte ucranianas y restos de drones configuran la ecléctica decoración de su puesto de mando.
Desde su despacho sin ventanas atiende un flujo constante de llamadas y entra y sale para hablar con sus hombres, encorvados sobre las pantallas.
La semana pasada, sus fuerzas golpearon San Petersburgo justo cuando el principal foro económico de Rusia comenzaba en la ciudad.
Estos éxitos han suscitado el reconocimiento, aunque a regañadientes, de analistas militares rusos.
"Madyar es un enemigo peligroso, entregado y profesional", escribió el año pasado Andréi Medvedev, bloguero y reportero de la televisión estatal rusa.
El equipo de Brovdi solo representa el 2% del ejército ucraniano, pero reivindica estar detrás del 30-35% del total de objetivos rusos destruidos.
Su estrategia para ganar la guerra se resume en una ecuación básica: matar a más rusos de los que Moscú pueda movilizar.
Para aumentar la eficacia de los ataques, Madyar se apoya en los datos de los videos que se retransmiten en directo a su puesto de mando.
Estos muestran drones ucranianos que persiguen a las fuerzas rusas cerca del frente, a través de campos y bosques, hasta que la transmisión se corta con el impacto.
En redes sociales, donde cuenta con cientos de miles de seguidores, Brovdi recibe algunos de estos videos editados con música caricaturesca y subtítulos burlones.
Estas imágenes que se mofan de los muertos han generado un debate moral dentro de Ucrania. Expertos en derecho han sugerido que podrían constituir un crimen de guerra.
- "Los pies en la tierra" -
En su búnker, los videos bélicos contrastan con obras de reconocidos artistas ucranianos, como un bodegón de flores de Maria Prymachenko.
"El arte nos permite mantener los pies en la tierra y apartar la mente de las circunstancias que nos han traído aquí", explica Madyar.
También le ofrece una sensación de hogar, ahora que no puede volver al suyo por motivos de seguridad.
"No puedo posar la mirada en mi lugar favorito de casa, en algunos elementos de mi hogar, un jarrón, la vista desde mi ventana", afirma el hombre, padre de dos hijos.
Solo su esposa, que dirige el servicio de apoyo a las tropas de su unidad, y un pequeño círculo conocen sus movimientos.
Pero estos sacrificios personales quedan compensados por "esa satisfacción momentánea, cuando te vengas tomando el control remoto en tus propias manos y has visto los resultados de tu trabajo con tus propios ojos".
H.Vega--GBA